
Cada 28 de septiembre se celebra el día de los elotes en Tepoztlán. Ese día la gente visita sus milpas y aquellos que se dedican a cultivar la tierra llevan consigo todo lo necesario para disfrutar de una elotada de temporal en compañía de sus seres queridos. Además, los elotes se preparan con limón y sal, “ya que ponerles mayonesa es una costumbre de ciudad”.
Así también, ese día se recolecta la flor de pericón o Yauhtli con la que se colocan cruces, para evitar que “el enemigo” haga de sus travesuras en el cultivo, debido a que ese día San Miguel Arcangel libra una batalla contra lucifer y el mal anda suelto. Aunque esta tradición parezca eminentemente católica, es probable que tenga sus orígenes en la cosmovisión prehispánica, ya que la flor de Yauhtli es una ofrenda para la diosa del maíz tierno, Xilonen; pues esta flor nace al mismo tiempo que la milpa. Cuando los elotes nacían era tiempo de colocarla y evitar así la furia de Ehecatl, Dios del Viento, quien podría desatar su maldad sobre los cultivos; pero ya habrá tiempo de explicar, en otra ocasión la realización de esos bonitos ritos de manera holgada. A continuación, puedes disfrutar de este material documental hecho por el ayuntamiento de Tepoztlán: https://www.facebook.com/ayuntamientodetepoztlan/videos/1516710788869260
La población mayoritaria de Tepoztlán, históricamente, se ha dedicado a la agricultura, y aunque las ofertas laborales para la población en general, han aumentado, aún son muchas las familias que transmiten una serie de saberes a través de las generaciones. Es por eso por lo que en esta ocasión nos adentraremos de cerca en este mágico oficio.
El generalísimo Emiliano Zapata dejó una frase para la posteridad: “la tierra es de quien la trabaja” y no hay nada más cierto, ya con las primeras lluvias se avisa a todos los agricultores que el ciclo agrícola está por iniciar, comúnmente a inicios de junio.
Primero llega el barbecho “en seco”, proceso para el que antes se uncía a una yunta de bueyes o caballos. Pero que ahora casi siempre es con ayuda de un tractor.
Después se zurca, y ese mismo día la gente se reúne para realizar la siembra “a mano”(la calabaza y el frijol se puede echar algunos días después, cuando ya se “selló” la tierra con matahierba). Esa tarde para festejar el nacimiento de los granos, los trabajadores despues de terminar la siembra toman una merienda y una o dos copas, que en el campo se disfrutan más. De dos a cuatro semanas después, cuando la milpa ha germinado, se tiene que atender el maíz para evitar las plagas de hormigas —aunque algunos colocan venenos industriales, el árbol de “hueyamatl” las ahuyenta de manera natural—.
A veces los conejos, buscando alimento, también arrancan algunas matas, y a su vez, las serpientes persiguen a estos, por lo que no es raro ver a alguna paseándose en el campo. Aunque la mayoría son ariscas y huyen al contacto humano, algunas especies pueden ser peligrosas, ya que habitan en los tecorrales o en los túneles de las pequeñas tuzas.
Como la tierra es muy fértil, la milpa rápidamente se enyerba y ya sea con machete, fumigante o “tlamatequeando” (es decir, arrancando las hierbas con las manos e ir dejando los terrones y raíces hacia arriba, ya que así tarda más en renacer) se debe atender los surcos.
Se debe abonar dos veces, y además dar “primera tierra”, segunda, y “cajón”, si se hace con yunta el trabajo queda mejor y los surcos son fáciles de caminar, la tierra suelta ayuda y se consigue un crecimiento acelerado de la planta.
Lo primero en cosecharse es la flor de la guía de calabaza, así como calabacitas tiernas que pueden servir para un delicioso mole de olla. Además, en esos días, por la humedad de las lluvias se dan también hongos comestibles con los que se pueden preparar unas deliciosas quesadillas en el hogar. De esta manera, la tierra provee toda la comida, ya que para fines de septiembre llegan los elotes, los cuales a las semanas se convierten en camaguas, un grano que ya es demasiado duro para comerse solo, pero aún conserva su dulzor. Es en este tiempo que la gente de Tepoztlán recoge y muele las camaguas, acompañadas de canela, azúcar, y otros ingredientes para saborear sus Tlaxcales (del náhuatl ‘Yelotlaxcalli’), unos panes de maíz suaves con una característica forma triangular que se acompañan muy bien con café (además los hay también de frijol) y si es posible se colocan en la ofrenda del día de muertos.
Así, a mediados de diciembre comienza la cosecha. Antes se cosechaba con costales de ixtle que cargaban las mulas y caballos, pero ahora es común acarrearla con camionetas de carga, donde también transportan la calabaza de dulce, con la cual se prepara un característico y delicioso postre, así como semillas que se tuestan con sal, aunque deben dejarse sazonar aproximadamente hasta el mes de marzo, de otro modo la semilla no servirá.
El día que se termina la cosecha es común realizar una fiesta en el domicilio de los campesinos, pues gracias a Dios este año habrá granos. Los productores tepoztecos tienen inculcados el respeto y agradecimiento a la tierra, pues sus ancestros les han contado años en los que el caos y las malas lluvias evitaron la cosecha (Don Cesáreo Martínez, quien falleció a los 97 años, solía contar que aproximadamente en 1916, su padre dejó su milpa “despachada” en Calamatlán, rumbo al camino a Acolapa, al lado del Texcal, pero tuvo que correr con su familia a refugiarse de la inminente llegada de la Lucha Revolucionaria a Tepoztlán. Esos años no pudo continuar practicando su oficio y se pasó hambre, las personas a su alrededor morían de inanición. Es por eso por lo que se debe dar las gracias y levantar todo el “maicito” siempre, para que no falte).
Aunque un emblema de la tradición agraria morelense es el cuexcomate, en Tepoztlán se ve más bien poco. Normalmente las familias tienen un corredor de teja, o con morillos de paredes bajas donde el aire ventile bien y puedan trabajar, ya sea sacando hoja de totomaxtle de las mejores mazorcas, escogiendo el maíz quitando el “popoyote”, es decir el grano sucio —que, aunque pareciese no comestible, es buscado como alimento para ganado—. De esta manera nada se desperdicia, todo el grano puede ocuparse, regresando a un ciclo de vida infinita.
Así avanzan las labores entre la familia, es característico también desgranar con olotera para sacar el maíz más limpio. Esta herramienta de trabajo se conforma de olotes secos que se sostienen por aros de alambre o lazo de ixtle, con la cual se desgrana a dos manos, y es común que en el mercado de Tepoztlán se venda como artesanía. Antiguamente también se podía utilizar una piedra de barranca rugosa, que bien escogida podía durar años e incluso décadas sin perder el filo.
Se dice que el oficio del campesino no tiene un verdadero descanso, pues cuando el trabajo en familia ha avanzado y se está cerca de terminar de recoger el maíz, comienza el agua de temporal otra vez, y de nuevo el ciclo se repite, llenando de felicidad a cada agricultor que trabaja sus tierras y lleva el sustento, no solo a sus familias, sino que mantiene viva esta importante actividad que cada vez es más olvidada por los jóvenes.
También se siembra mediante “cuatequitl”, es decir, faenas colectivas en las que los integrantes trabajan para un fin común. Diversos barrios de Tepoztlán, tales como San Pedro, La santísima, Santa Cruz y Santo Domingo, tienen sus terrenos de siembra comunales, y cada año los mayordomos convocan a los vecinos para ayudar en “la milpa del Santo”, cuyos ingresos al cosecharse son utilizados para reparaciones y gastos de la iglesia.
De esta manera, sorteando dificultades, asumiendo riesgos y enfrentándose a catalizadores que quizás son un tanto azarosos; el campesino tepozteco trabaja día con día, año con año, a lo largo de su vida; en familia, dando atención a la milpa, esperando que su descendencia continúe la tradición agrícola y no permita que sus terrenos pierdan su valor histórico y patrimonial. Cuéntanos qué opinas tú acerca de este tema, y si sabías de estos saberes ancestrales, esperamos seguir explorando estos temas próximamente, así que no temas expresar tus inquietudes, recuerda que Tepoztlán es una tierra de Turismo, Cultura y Tradición.