
Imagina un pueblo mágico envuelto en un manto de montañas, donde el aroma a maíz recién cocido se mezcla con el perfume de las flores amarillas del pericón. Así se tiñe Tepoztlán cada 28 de septiembre, momento en el que se celebra el Día de los elotes, una fiesta que honra la tierra, los ancestros y las tradiciones más arraigadas. Más allá de una simple celebración culinaria, esta festividad encierra un profundo significado cultural y espiritual, arraigado en la cosmovisión de los pueblos originarios de México.
El elote, ese regalo de la naturaleza, ha sido desde tiempos inmemoriales un alimento básico y un símbolo de abundancia. Para las culturas prehispánicas, el maíz representaba la vida misma, ya que en la cosmogonía se creía que los primeros hombres fueron creados a partir de la masa de maíz.
Don Pedro, un campesino tepozteco con una vida consagrada a la siembra del maíz, nos comparte un poco de su sabiduría ancestral en la recolección de elotes:
“luego luego se sienten los que ya están, porque están duros en su colita […] los cortamos y a la tarde los asamos al comal con la familia, pa´comerlos con limón y sal, porque eso de ponerles mayonesa es una costumbre de ciudad”.
Cruces de Yautli o Pericón. Créditos a quien corresponda.
En el zócalo del municipio, Doña Amalia, vendedora experta, con sus manos curtidas por el trabajo de la tierra, entrelaza con maestría las ramas de pericón para formar una cruz. Sus ojos brillan al recordar las enseñanzas de su difunta abuela:
‘La cruz de pericón protege nuestra casa del [otro] y nos trae buenas cosechas, este día de los elotes, el yautli en cada hogar no debe de faltar.
El día de los elotes también es una oportunidad para fortalecer los lazos comunitarios, preservar las tradiciones y fomentar el turismo sostenible; pues más allá de su significado simbólico, cada 28 de septiembre también es una fiesta de sabores. Los puestos de comida ofrecen una gran variedad de platillos a base de maíz, desde los tradicionales elotes asados y esquites, hasta creativas fusiones de la cocina mexicana.
Para los visitantes, esta celebración representa una oportunidad única de sumergirse en la cultura tepozteca y conocer de cerca sus tradiciones. Al degustar los platillos típicos, admirar las cruces de pericón y escuchar las historias de los lugareños, podemos apreciar la riqueza y la diversidad de nuestro patrimonio cultural.
En un mundo cada vez más globalizado, es importante preservar tradiciones como ésta, un recordatorio de la importancia de valorar nuestras raíces y de cuidar el medio ambiente.
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